sábado, noviembre 7

Apenas aire

…un silencio, un suspiro, nada

apenas aire sin dueño

apenas temblor

apenas olor sin nombre

palabra trémula

callada

perdida

frágil

apenas todo

cada día un instante

prolongado

siempre

en el hueco del alma.

sábado, octubre 31

El viaje que no hicimos


Escucho la lluvia sobre el techo de chapa. Todo el día lloviendo. Un buen sonido, un sonido amable. Combina bien con el gris, con lo mojado, y se presta a lágrimas y recuerdos.

Recuerdo, entonces, el viaje que hicimos juntos a la selva, para ver los Saltos del Moconá. El río Uruguay estaba crecido, y no había saltos. El agua emparejaba la altura a ambos lados, y todo era un gran río gris y turbulento. Pero conocimos la selva, caminamos la selva, anduvimos por los caminos rojos y supimos lo que era abrirse paso a machetazos por donde nadie había pasado nunca… o quizás, por donde siempre habían pasado otros, pero la selva se cerraba por detrás, la selva no guarda espacios vacíos.

Nunca lamenté realmente no haber podido ver los Saltos. Fue una anécdota más de un viaje estupendo, que terminamos tomándonos una botella de champagne que nos regalaron en el viaje de regreso. Un buen broche.

Ahí supe que nunca serías un gran compañero de viaje. Que para vos se trataba de una cuestión metódica, casi de un deber: puesto que se hace un viaje, se invierte en él tiempo, dinero, esfuerzo, hay que aprovecharlo.

Para mí, la palabra aprovechar está impregnada de un sentimiento mezquino. Como en las revistas berreta de decoración, que todo el tiempo te están queriendo enseñar cómo aprovechar el espacio… o sea, cómo ocuparlo en vez de disfrutarlo. Aprovechar un viaje es lo mismo: algo que se hace cuando no se sabe disfrutarlo.

Hubo otros viajes después. Hasta que no hubo más, hasta que nos perdimos uno al otro, hasta que te perdí o me perdiste, hasta que no nos quedó destino o hasta que los caminos se separaron y cada uno siguió por el suyo, hasta que viajar no fue posible porque había demasiado equipaje.

Y sin embargo, si hubieras querido, yo te hubiera podido enseñar cómo se hace para disfrutar el viaje.

lunes, octubre 12

Amor incondicional




Todos deberíamos recibir amor incondicional. No basta con el de nuestras madres: alguien más, por lo menos un ser más en el mundo, debería poder amarnos incondicionalmente.
Alguien debería existir que nos hiciera sentir que nuestras debilidades pueden redimirse, que nuestros errores pueden olvidarse, que nuestras fallas pueden perdonarse.
Alguien debería haber que nos ame perfectos aunque nos sepa limitados, que nos crea bellos aunque nos vea las fisuras, que nos ponga por encima de todo aunque hayamos salido del montón.
Alguien debería haber que nos mirara a los ojos y nos dejara ver solamente amor hasta el fondo de los suyos.


Por suerte existen los perros.


domingo, octubre 4

Cuarto aniversario




Hace cuatro años que lo empecé, y aunque los dos últimos lo he atendido poco, lo sigo queriendo. Muchas veces me pregunté si no era más lógico cerrarlo, pero después pensé que si lo hacía, abriría otro muy pronto. Y no estaría mal, pero hay que ocuparse: elegir un template, desarrollarlo a gusto de uno, darle una estética propia… en fin, cosas que llevan tiempo.

Y por otra parte, éste me sigue gustando. El negro se usaba más cuando lo empecé, es cierto, pero sigue pareciéndome atractiva esa cosa como sin fondo que da el negro: no hay un límite, se desdibujan los bordes, y no da sensación de cosa escrita en papel, sino de textos e imágenes que flotan en la negrura electrónica.

El texto de Anaïs Nin que lo encabeza sigue describiéndome como si ella se hubiera referido a mí al escribirlo. El título tiene más sentido ahora, aunque siga inclinándome siempre hacia los bordes.

Y el tono general del blog también sigue siendo el que elijo. Nunca quise que fuera literario, ni tampoco periodístico. Ni simplemente catártico, desde luego. Es como yo soy: ecléctico, no preocupado por la etiqueta, coherente consigo mismo.

Finalmente, hay una historia acá. Cuatro años es mucho tiempo, y es increíble la cantidad de cosas que hice, que me pasaron, que cambiaron y que no en este tiempo. Lo que aparece acá es un reflejo apenas de algunas cosas elegidas, pero es una historia. Y ha devenido, de algún modo, en parte de mí. Como un apéndice inesperado pero agradable, amistoso y cómodo.

También lo quiero porque a partir de él y de otros blogs vecinos se produjeron encuentros estupendos y nacieron amistades. No es poco.

Así que sigue. Sin prometer nada, simplemente siendo, como hasta ahora. Y con una guirnalda para celebrarlo.

lunes, septiembre 28

Gesto



En un arrebato exasperado,

un desamparado movimiento,

un confuso gesto perdido, casi un manotazo,

casi un manotazo de ahogado

ahogándose en su aire de pronto espeso,

recibiendo el beso de despedida dolorosamente,

como si con culpa o reparo

casi desolado,

como huérfano, como viudo,

como deudo de un presente imposible,

alejándose, borrándose a sí mismo del ahora,

convirtiéndose en improbable,

en esquivo penitente, en esclavo de antiguos opios,

fiel a sí mismo y yendo a la disolución

como a un abismo inevitable

pero sin quererla, sin hacer el tajo,

separando lo inseparable para unir lo que ya está unido,

cargando su mochila de piedras y espinas,

hundiéndose con ella o tratando de vaciarla,

mudo en el aire espeso y ahogándose

pero sin partir del todo,

dejando la estela, las señales en el camino

dejando el olor y el calor, las huellas, dejando el contacto,

dejando la presencia que no sabe irse

dejándola a ella esperando…

domingo, septiembre 27

Basura

Iba trotando, feliz, por el medio de la plaza. Recién remodelada, todo nuevito, prolijo. Era una tardecita soleada de hace unos días. Cuando salgo a trotar, no llevo mp3: tengo los oídos despejados, porque se oyen pájaros, y porque además no quiero interferencias con el curso de los pensamientos. Ideas, más bien; ideas que pasan flotando por el foco de la conciencia y siguen de largo. Es un estado mental maravilloso, que sólo logro en esos momentos mientras corro. Deben ser las endorfinas, pienso, y qué bueno que existan.

Y de pronto, una voz de mujer mayor, agria, filosa, desagradable, penetra ese refugio mental diciendo:

¡Un tiro en el medio del pecho habría que darles! ¡Esos tipos no tienen remedio! ¡Mirá lo que hacen!

Idea que pasa por mi cabeza, fugazmente: ¿De qué habla? ¿Un violador?

Sigue la vieja espantosa, caminando por la plaza junto a otras tres viejas que hablan más bajo:

¡Porque mirá que tienen ahí los tachos para tirar la basura, y van y tiran los papeles en cualquier parte! No hay educación, no les importa nada. Hay que pegarles un tiro en el pecho a todos.

Y todavía me persiguen su voz y sus palabras terribles. Digo yo, ¿dónde, cómo, cuándo, algunas personas pierden así la brújula y se desorientan tanto?

¿Cómo es posible que los valores estén tan confundidos, que a una mujer le parezca sano, normal y moral matar a la gente por no usar los recipientes de residuos?

¿Cómo es posible que haya gente tan estúpidamente peligrosa?

Porque esa tipa no mata al desprolijo, pero se engancha en cuanto discurso fascista anda dando vueltas, y de un modo o de otro se las arregla para joderle la vida a mucha gente.

sábado, diciembre 27

Mal momento


Me gustaría, si. Claro que me gustaría.
Escribir algo gloriosamente sonoro, brillante, épico.
También algo hermoso, poético, dulcemente apasionado.
O quizás, una pieza corta y nítida de prosa con dientes y filo.
Me gustaría escribir.
Algo.
Pero no es el día.

viernes, noviembre 28

Regalo

Alguien me regaló esto:













Y no hay nada que agregar.

viernes, octubre 10

Recuerdo




Es curioso, porque tendemos a ser tan visuales. Dependemos tanto de nuestro sentido de la vista, mucho más que de los otros; y sin analizarlo mucho, uno pensaría que cualquier reconocimiento debe pasar antes por los ojos. Claro que la música, pero no es lo mismo. O, en todo caso, la intuición no lo sospecha, pero la intuición se equivoca muchas veces.
Como sea: me es casi imposible recordar su rostro sin ayuda de fotos. Con esfuerzo reconstruyo una imagen borrosa, identificable pero difusa, y extrañamente fragmentada. Primero los ojos, la nariz. La boca y la línea de la mandíbula que siempre se me borronea hacia el mentón aparecen luego y no se terminan de unir a los demás pedazos. Las orejas, lo más claro, quedan casi flotando sin unidad con el resto. La frente cerca, pero después, no al mismo tiempo.
Eso, la fragmentación no es espacial sino temporal, un puzzle con pequeños desfasajes temporales que no termina de juntarse en el rostro completo. Y es todo lo que puedo hacer sin mirar una foto.
Pero su voz, en cambio, siempre está lista cuando la evoco. Como si fuera un eco de mi propia voz, familiar, viva. Cuando murió, yo llamaba a su celular veinte veces al día para escucharlo en el mensaje del contestador, hasta que lo dimos de baja. Y durante un tiempo las palabras se repetían en mi mente siempre iguales, con las mismas inflexiones, las mismas pausas, un mensaje impersonal desde el pasado sin destinatario definido.
Más tarde pude recuperar su voz, pero recordando frases habituales en él, giros que solía utilizar, su manera de llamarme en la intimidad.
Ahora puedo incluso imaginarlo hablando del presente, de asuntos actuales, dando opiniones y haciendo comentarios, y entonces me doy cuenta cuánto recuerdo de él. Y me emociona advertir que no lo había olvidado, y que basta evocar su voz para sentir fugazmente algo, una corriente de ternura y gratitud por tantos amorosos y difíciles años que compartimos.

viernes, octubre 3

Aniversario

Oh, de pronto me doy cuenta: hace tres años que comencé este blog. ¿Debería darle importancia al aniversario? ¿Debería descorchar champagne, hacer algo especial, festejarlo?
No, no debería. Nunca le doy mucha importancia a los aniversarios; tiendo a vivir el presente mirando para adelante. Pero me fijé que la columna de la derecha empezaba en octubre de 2005, y ahí encontré el primer post, con fecha del sábado 1°.
Últimamente lo abandoné un poco, pero me sigue gustando tenerlo. Supongo que la escasez de lectores lo hace menos interesante de llevar, porque no hay mucho intercambio. Me encanta cuando encuentro comentarios, y veo que los demás entienden algo diferente de lo que pensé que se entendería. O cuando me descubren algo que yo estaba diciendo, sin saberlo.
También me resulta interesante cuando releo algunos posts al azar, y veo cuántas cosas me pasaron en este tiempo, cómo fue cambiando mi vida, y cómo algunas cosas nunca cambian.
En fin, no da como para festejarlo, pero en todo caso lo celebro.

viernes, septiembre 26

Historias personales

M. se separa. Un cierto día su marido arma un bolso y dice “Me voy, necesito espacio, necesito tiempo, me voy” (original, el tipo). Y se fue. Veintipico de años juntos, desde la adolescencia, dos hijos… y de golpe se convierte en un desconocido. En alguien cuyos pensamientos, cuyos sentimientos son tan ajenos como los de uno cualquiera que anda por la calle. Y ella descubre que hace muchos meses que él viene preparando esto, que mientras tanto puso la empresa como sociedad anónima para no tener que reconocerle a ella ni un pedacito, que se preparó cuidadosamente. Descubre que, casi, compartió la cama con un enemigo.
Hablo de un matrimonio con una buena relación, no de una pareja en permanente crisis ni arrasada por el desamor.
Pero ahora él hace reclamos incomprensibles: “Siempre hice lo que vos quisiste, no tomé mis propias decisiones”
Oh.

Como un adolescente que se queja con su mamá.
Y ella sospecha que tal vez él nunca dejó de ser un adolescente.
Los primeros días llora, duerme, bebe, se empastilla.
Pero sólo los primeros días. Manda un mail: “J. se fue de casa”
Y la red se pone en evidencia, una vez más. Funciona. Da apoyo, escucha, calma, ofrece puntos de vista, abrazos, hombros para llorar, comprensión. La red sostiene, no deja caer. M. va a trabajar, habla, cuenta, escucha, piensa, se adapta lentamente. Empieza a aceptar, se prepara para soltar, para dejar ir. Comienza a ver su presente no sólo como un final, sino también como un principio. Y a entender lo que significa espacio, tiempo, libertad: descubre que ella también los necesita. “Ahora puedo hacer reuniones de amigas en casa”, dice.
Le cuento a N. y se maravilla. “Yo no tengo nada parecido” –dice. Siempre lo sorprende la capacidad de las mujeres para tejer esas redes, y la forma como funcionan.

Y nosotras no podemos ni imaginar el mundo sin red. Las formamos naturalmente, casi inconscientemente, en todos lados donde estamos: trabajo, cursos, barrios, clubes… Se supone que son la causa de nuestra mayor longevidad, nada menos. Pero nosotras sabemos que además, nunca podríamos hacer todo lo que hacemos si no fuera por las redes.

lunes, julio 7

Sutileza

Sería como una inesperada canción

escuchada al mediodía

cuando el sol del invierno

casi alcanza a prometer tibieza.

O como un vuelo apenas entrevisto,

fugaz y elegante,

oscuro trazo contra el cielo gris.

También como las ondas en el agua,

alejándose del centro

cada vez más tenues,

cada vez más grandes.

Algo así, un detalle,

la finísima línea

entre lo banal y lo sublime,

una filigrana de luz,

un beso tuyo.

sábado, junio 21

La trampa de la ciudad

Siempre he pensado que todo el mundo debería tener el derecho de vivir en una casa. No digo a tener un techo, derecho reconocido pero que no se cumple, sino a vivir en una casa. Las ciudades actuales, con sus edificios de muchos pisos y la invención de la propiedad del aire, son una aberración. La gente viviendo apilada, unos sobre otros, unos pegados a los otros, sin más que un pequeño tabique separándolos, escuchando sus ruidos, oliendo sus olores… me parece un horror, algo contra natura. Claro que hay tantos millones de personas viviendo así (más de la mitad de la humanidad vive en ciudades actualmente), que la cosa se ha naturalizado: nadie lo cuestiona. Incluso se glorifican los rascacielos, como un logro de la humanidad. Y lo son, sin dudas, desde el punto de vista de la ingeniería. Hasta arquitectónicamente, si los considero como un objeto abstracto, hay algunos que son de una belleza y grandiosidad indudables. Pero como viviendas, como objetos concretos con un uso definido, no me inspiran más que rechazo.
Lo peor es la manera como se ha naturalizado en la mente de todos esta forma de vivir, sin contacto con la tierra, sin ver el cielo o viéndolo recortado entre bloques, sin intimidad, sin vínculo con lo que está vivo: plantas, animales, insectos. Los insectos en nuestros hábitat han quedado reducidos a plagas que deben ser interminable e infructuosamente combatidas, horribles y asquerosos, molestos, dañinos e incluso peligrosos: cucarachas, mosquitos, hormigas, polillas, termitas, moscas, todos “invasores” de nuestras cuevas de ladrillos. Los animales que vemos son nuestras mascotas, sometidos al encierro y desnaturalizados, como nosotros mismos. Pero por detrás, por encima y por debajo, ejércitos de alimañas viven de nuestros detritus, prosperan con nuestra abundancia, nos superan en número y se mantienen ocultos pero irreductibles en los oscuros recovecos de nuestras ciudades.
Y no me digan que no: con frecuencia veo departamentos tan pequeños que las paredes y los techos parecen aplastarme, donde los muebles deben ser de medidas exiguas para que quepan, donde en los dormitorios hay que pasar de costado entre la pared y la cama o hay que hacer dormir a los chicos en cuchetas apiladas como en una cabina de submarino. Cocinas minúsculas donde el espacio de trabajo es una superficie de 30 cm x 60 cm, y la ropa lavada cuelga de un tender sobre la cabeza de la única persona que puede moverse allí, porque si hay dos al mismo tiempo, se chocan entre sí. Habitaciones donde el sol nunca llega. Pasillos con olores a comidas desagradables a toda hora, ventanas que se abren a paredes, a espacios ciegos, a otras ventanas. Descargas de inodoros ajenos que se escuchan desde la mesa, portazos a toda hora, timbres, ascensores, parejas que discuten, chicos que lloran, bocinas que aturden, motores que ensordecen como fondo perpetuo, música que uno nunca elegiría escuchar, y reuniones de consorcio donde cada mezquindad y necedad de la que el ser humano es capaz se recrea exacerbada, como prueba final de que esa forma de transcurrir y alojarse es cualquier cosa, menos una forma de vivir.
No me detengo siquiera a considerar el asunto desde un punto de vista urbanístico, ni de las teorizaciones sobre la ciudad como espacio de encuentro, oportunidad de comunicación, etc. Ni discuto la evidencia de que la forma de vida actual y los servicios que requiere sólo pueden ser completamente provistos en una ciudad, aunque habría que ver cuántas de las cosas que la vida actual considera necesarias lo son en realidad, o más bien surgen como tales en razón de tantas sinrazones. Me limito, simplemente, a considerar las viviendas individuales como determinantes directas de la forma y calidad de vida de quienes las habitan.

Una casa debería estar rodeada de espacio libre, con plantas que crezcan sin necesidad de ser podadas constantemente para que no se estorben unas con otras, con lugar para que los chicos corran y jueguen, para que los adultos caminen y jueguen, para que los animales vivan y jueguen. Finalmente, la vida en las ciudades nos quita espacio de juego. Nos convierte en tristes esclavos de un amo invisible que sin que nos diéramos cuenta, nos encerró en mazmorras y nos engrilló a las paredes.

sábado, mayo 31

Posibilidad


Pero cierto exceso me es esencial, no me puedo convertir en la que no soy. No otra vez. ¿Por qué abandonar toda exuberancia, por qué negarla, por qué verla como mi lado malo? ¿Por qué obligarme a confinarla en un rincón para que al final se desborde por donde no debe y me haga daño? He buscado tanto...Tan mal, es cierto, pero tanto: un cauce, un trayecto más que un destino. Sería imperdonable volver a la noria, quedar encerrada en mis fantasmas. Me debo eso, el permiso libre, el paso ligero, la carga olvidada en algún punto detrás de mí y abandonada. El lastre vaciado. Y yo lista para partir a cualquier parte, donde el viento me lleve, donde yo lo quiera. Necesito saberme capaz de renacer una vez más, con las heridas curadas, ya sin tanto dolor, con tu amor en mi piel y lista para lo mejor, para lo peor también, lista para todo de nuevo. Sin cansancio, sin renunciar a nada, aunque sepa que siempre caminamos solos y que se trata de desiertos y espejismos: al fin y al cabo, esto es todo lo que tenemos, no vale la pena la amargura, ni pedirle a la existencia que se justifique a sí misma, ni al universo que tenga sentido. Un accidente de la naturaleza, como toda biología, sí, pero conscientes. Y sin límite, como el abismo que entrevemos. A pesar de nuestra miseria, de la insignificancia del graffiti cósmico, de la nada que somos. No puedo saber si al refundarme no creo sentido, y en todo caso, la muerte sigue siendo una probabilidad estadística.

viernes, mayo 23

Pregunto


¿Y por qué entonces esta sensación de estar siendo domesticada, de entregar las banderas, de perderme a mí misma? ¿Por qué amarte sería algo así, como un abandono de toda batalla?

Una entrega, una derrota, un olvido de ideales, una pérdida.

Pero si nos hemos encontrado, si estamos juntos solamente por elección y decisión, ¿por qué?

No lo entiendo, no me entiendo.

Amo tu contacto, tu presencia. Amo tu ausencia. Amo extrañarte y que me extrañes.

Amo los libros que leemos juntos, las mañanas en el jardín, las bellas noches en que cocino para los dos y tomamos vino mientras dejamos que nuestras voces nos acaricien como preludio de las otras caricias, amo todas esas pequeñas cosas que hemos inventado para hacer único el tiempo que compartimos.

Amo tu ternura, tan masculina, tan prudente, tan cuidada.

Amo la manera como mi exuberancia te divierte.

Amo tu forma de apoyarme sin invadirme.

¿Por qué? ¿Por qué entonces, por qué?

sábado, marzo 8

Opalescencia


Acaso se pudiera decir algo menos tibio, menos complaciente. Pero ella nunca tomaba el toro por las astas, nunca arriesgaba el disenso franco y limpio. Decía que sí, luego agregaba un “puede ser”, más tarde simulaba olvidar lo dicho, dejaba pasar tiempo, esperaba el olvido del otro o bien la inevitable dilución que atenúa efectos. Todo lo gris se le parecía.

Se puede vivir así, en aguas intermedias, sin compromiso ni pasión, débilmente. La fuerza enfocada en un único punto, en una única empresa: sobrevivir avaramente, no arriesgar nada, ser un número en la estadística, una cabeza más del ganado humano.

No preguntarse jamás por qué ni para qué, no percibir el agujero, no inventar siquiera una mentira en la cual creer, no defender un dios al menos, sólo arrastrarse sobre los días y atravesar las noches como se toma un remedio, sin elegirlo, sólo porque se debe.

Se puede, aunque ni valga la pena.

martes, marzo 4

Introspección


Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres: una mujer desesperada y perpleja que siente que se está ahogando y otra que salta a la acción, como si fuera un escenario, disimulando sus verdaderas emociones porque ellas son la debilidad, la impotencia, la desesperación y presenta al mundo sólo una sonrisa,
ímpetu, curiosidad, entusiasmo, interés.

No sé cómo haría para entenderme a mí misma, a veces, si no fuera por Anaïs Nin.



viernes, febrero 15

Cielo buscado


Cielo buscado,

luz blanca,

paisaje ancestral

que se lleva en la sangre,

hogar al que siempre se vuelve.

Nunca habrá explicación suficiente.

Sin embargo,

el antiguo deseo se hace impulso,

ignora sus abismos,

toma sus riesgos.

Abre camino en la bruma blanca,

orienta los pasos

y se impone sin disculparse.

Y el lápiz fantasmal

va dibujando el futuro

sin cuadrículas,

sin referencias.

lunes, noviembre 26

Viaje


No hay paz ni tormenta, ni quietud solemne ni desvío: todo tiende hacia su nivel, busca su equilibrio y se mueve, avanza para lograrlo, cambia.

Bajo este cielo nuestros pies se mueven, sin preguntarse si hay un destino. Donde sea que vayan, recorren camino; donde sea que lleguen, no se detendrán.

Ese lecho del río casi seco donde la serpiente cruzó frente a nosotros ondulando sobre la arena, y que unas horas después fue torrente gris y avasallante.

El águila que voló y nos dio envidia, y nos vio pegados al suelo, sin aire bajo nuestras alas, sin alas. Trepando las rocas para bajar al agua.

Dos mundos, y uno solo.

Nosotros también.

sábado, agosto 25

La candidata


Este asunto de que haya candidatas a la presidencia de la República tiene unas cuantas aristas interesantes. Es obvio que el derecho de las ciudadanas a serlo está fuera de discusión, así como también que la cuestión configura tendencia acá y en muchos países del mundo. Está bien que se le dé importancia como reivindicación de género, en tanto sintomático de un cambio general y profundo en la sociedad; pero francamente, dudo que el hecho en sí mismo de que una mujer acceda a la presidencia de un país cambie nada respecto de lo que ocurriría si en su lugar estuviera un hombre. El poder tiene su propia lógica, y las características de género carecen de fuerza suficiente para prevalecer. Entiendo que esto precisamente dijo Saramago cuando expresó que Hay tres sexos: femenino, masculino y el poder”. Fue malinterpretado, por supuesto, pero no sorprende que tanta gente no lea lo que se dice realmente sino lo que se le antoja suponer.

Una de las aristas más irritantes es que se ha puesto de nuevo sobre el tapete la banal discusión: ¿presidente o presidenta? Discusión que, por otra parte, sólo parece surgir cuando hay mujeres que pretenden ocupar la presidencia de la República. Hay infinidad de presidencias ejercidas por mujeres en la vida civil. Hace unos años yo misma fui presidente de una sociedad científica, por ejemplo. Hay mujeres presidentes de directorios, de asociaciones sin fines de lucro, de ONGs, de cooperadoras escolares… Pero la discusión se instaló recién cuando María Estela Martínez ocupó la presidencia del país. Ni siquiera recuerdo que haya habido mucho meneo del asunto mientras fue vicepresidente (supongo que a los vicepresidentes no les da bola nadie).

Bastaría con consultar el diccionario de la RAE para despejar dudas: los términos derivados de los participios activos, terminados en –ente, son comunes en cuanto a género. Se aplican a ambos sexos por igual, sin desmedro de ninguno, porque se refieren más bien a la acción o actividad desarrollada, no al que la realiza. La única excepción que puedo recordar, y que parece más bien peyorativa y desvalorizante, es “sirvienta”. En el resto de los casos, se utilizan constantemente las formas comunes, sin que a nadie se le ocurra hacer reclamo alguno. Vayan a modo de ejemplo: caminante, oyente, cantante, estudiante, etc.

El discurso suele camuflar prejuicios y delatar traiciones, y parece que tanto énfasis puesto en cambiar una “e” por una “a” reflejara desconfianza respecto del derecho a presidir de las ciudadanas, pero denota además ignorancia. Esta manía de llevar las cuestiones de género más allá de su límite es fastidiosa, cuando no estúpida, aunque su insistencia en aparecer no sea de ningún modo inocente.

Y esto me lleva inevitablemente a considerar que cuando una candidata a presidente se anota en ese afán pseudo reivindicatorio no hace sino reafirmar su frivolidad e ignorancia. Esto es lo obvio. Lo menos obvio, y eso es lo fascinante de leer entre líneas y por debajo del texto, es que ella sabe que su derecho a estar allí es cuestionable, pero no por género, y haciendo hincapié solamente en una letra logra materializar la estrategia del tero, tan cara a los políticos: llama la atención en un lugar, para que no se mire en donde realmente importa mirar.

lunes, agosto 13

Tan vacío


Y perdido por perdido… caminamos así, sin destino, sin lugar al que llegar, sin hogar donde retornar. Caminamos sonámbulos, comatosos, alucinados, caminamos ilusionados y temblorosos, arropados por el engaño o desnudados por el miedo. Perdido por perdido, caminamos. Hacia el final común, hacia el punto muerto de la muerte, caminamos. Ningún nirvana nos alivia, ninguna piedad nos calma, ninguna victoria es suficiente. Caminamos, juntos o solos, abismados o iluminados, en el filo o en el medio, violentos y enojados o confundidos y calmos.

Podríamos navegar, pero para eso hace falta una nave, un puerto donde nos esperen, una carga valiosa que llevar. Así que, perdido por perdido, a la deriva y sin tesoro, caminamos. Donde nuestros pies puedan llevarnos: tan cerca, oh sí, tan cerca, tan pobremente cerca. Tan bajo, tan poco, tan vacío…

sábado, julio 28

Nueva etapa

Se fue. Desarmó su cama, acomodó su ropa en la valija que le presté, sus pilas y pilas de CD’s en cajas, cargó parte de sus libros, su televisor, su computadora y su equipo de audio en el auto y un flete, y se fue.

Se llevó su vida para vivirla en la casa que alquiló con dos amigos. La conocí un par de días después: me pareció lindísima. Y los envidié un poco, claro. Pero fue muy extraño ver sus cosas allí, las mismas de siempre en un lugar diferente, en un cuarto suyo que no es su cuarto, pero es.

Así que ahora mi hijo ya no vive conmigo… ¡Y qué agridulce sensación me produce!
Porque, más allá de los recuerdos, las razones, las necesidades y las ventajas, hay algo más encerrado en todo esto: por primera vez en mi vida, voy a vivir sola.

Increíble aventura, tan demorada y sin embargo, bienvenida. Me gustan los comienzos, los cambios, las nuevas experiencias; me gusta percibir el flujo de la vida y sentir que estoy bien en medio de él. Así que brindo por los hijos que crecen… y las madres que también.

domingo, julio 1

Viento amargo

Alguien debería decirlo, ¿no? O tal vez ya lo han hecho, pero parece que no lo gritaron bastante fuerte. Como sea, esta “crisis energética” que los argentinos padecemos ha desnudado cosas que aisladamente pueden ser serias, pero que puestas todas juntas dan una patética imagen del país que hemos construido.

“Crisis energética”: eufemismo por insuficiente producción de energía eléctrica, insuficiente provisión de combustibles fósiles líquidos y gaseosos, estado de debilidad estructural que afecta todas las actividades del país.

El domingo pasado hubo elecciones en la ciudad de Buenos Aires. Los que tuvieron que actuar como autoridades de mesa, comentan una experiencia en común: se murieron de frío durante las aproximadamente doce horas que duró su deber cívico. Se murieron de frío en los pasillos de las escuelas públicas donde concurren los niños argentinos, donde reciben su educación formal, se socializan, y aprenden qué pueden esperar de su país (no están en edad de decidir qué quieren darle).

Los cielorrasos de varios colegios secundarios se desplomaron o estuvieron cerca de hacerlo sobre los pupitres que durante varias horas varios días a la semana ocupan niños y adolescentes argentinos.

No hay gasoil para maquinarias agrícolas, no hay electricidad para fábricas, hay que disminuir la producción, reorganizar, eventualmente despedir gente. Y los empresarios, rápidos para eso, salen enseguida a pedir al estado que les autorice o les facilite esos despidos. Es que el estado no debe ser “benefactor”, no debe dar subsidios a los desocupados porque los punteros políticos los utilizan para manipular las masas de pobres haraganes y favorecer parientes, pero debe legalizar el traslado de la carga del riesgo empresario a los trabajadores.

En las casas, el gas brinda menos calorías por unidad de volumen, o sea que pagamos lo mismo por un producto de calidad inferior. La electricidad se provee con un voltaje tan bajo que calentar un café en un microondas es una misión imposible.

Todo esto, mientras hace frío – porque es invierno, previsiblemente en el mes de julio.

Improvisación, oportunismo, falta de planificación, incompetencia, corrupción, impunidad, estupidez, maldad pura y simple, todas mezcladas.

No puedo, ni siquiera puedo intentar separar las cosas. Solía tener una aguda mirada sobre las cuestiones de la política y la economía, solía ser capaz de un análisis atinado y razonablemente profundo. Últimamente, lo único que me sale es el asco, el hartazgo, la triste sensación de que nos vamos ahogando en un montón de mierda irredimible.

domingo, junio 10

Libro de quejas



Ya estás camino al campo con tus amigos. Ya estás lejos de mí, disfrutando de otras cosas, de otras compañías. Te lo dije: te odio por haberte ido, por dejarme así, con ganas de vos, por no saciarme. Te odio por haberte ido al casino y quedarte hasta tarde, y en cambio darme tan poco de vos y de tu compañía.

Te odio, y mi odio no es una broma. Mis pasiones nunca son leves, mis necesidades nunca son moderadas, y aunque la educación y la cortesía me pulan las reacciones y modelen mis actitudes, dentro de mí hay una pequeña fiera insatisfecha y enojada. Sabelo, porque aunque me esfuerce por mantener una cortés prescindencia, aunque respete tu autonomía tanto como exijo que sea respetada la mía, aunque comprenda tu necesidad y tu placer, aunque incluso envidie secretamente esa masculina disposición al juego - con las cartas o con los pares - ni por un segundo se atenúa la insatisfacción que me quedó al irte esta mañana sin darme siquiera una promesa de compensación, una leve concesión a mi demanda, algún pequeño gesto que me hiciera sentir menos perdida, menos dejada atrás.

Debería bastarme tal vez saber que me querés. Que me lo decís cada vez con más frecuencia, pero nunca sin pensarlo, jamás sin sentirlo. Debería bastarme que nos hayamos enamorado a pesar de tantas defensas levantadas. Debería bastarme saber que tuviste una semana espantosa, y el juego es para vos un escape que yo no puedo reemplazar. Sí, debería bastarme.

Pero no. Dentro de mí, la pequeña fiera tiene hambre, la pequeña fiera insaciable pide más.

Está bien que no le permitas devorarte. Pero nunca te olvides que lucho contra esa fiera, cada día. Y que cada día que no estamos juntos, cada día que pasa sin que nos veamos ni nos abracemos ni nos besemos, es un desabrido, descolorido triunfo de la razón contra el puro deseo.

sábado, mayo 19

Viajera

Tiene su encanto esto de estar enamorada, sin dudas. Pero había también mucho de placer en la autosuficiencia de la mujer sola que se bastaba para todo: escribía, cogía, trabajaba, no necesitaba un llamado ni un mensaje en el celular para sentirme en paz. Algo de eso tiene que volver a mí, necesito esa calma de quien no necesita a un otro, porque necesitar a otro es estar condenado a la perpetua necesidad: el otro nunca nos colma. Y aunque amar es bello y trágico, aunque amar hace que el desierto parezca más amable, nunca dejamos de atravesar el desierto. Sólo le agregamos el espejismo necesario para renovar fuerzas, y de vez en cuando, muy de vez en cuando, el espejismo es tan intenso que casi nos sacia la sed y el hambre, casi nos alcanza para hacernos más fácil la travesía.